Que a estas alturas
no exista un trabajo serio y ajustado de las implicaciones que el jerez
tiene en la obra de uno de los más grandes de la literatura universal,
como es el escritor inglés Williams Shakespeare (1564-1616),
no deja de sorprendernos; pero, aún más, si esta afirmación
se hace desde la misma ciudad que le da nombre a este vino, verdadero
milagro de la naturaleza y de la laboriosidad de cientos de generaciones,
que ha visto como gran parte de su historia se debe a la influencia
ejercida por los británicos. ¡Qué
diferente sería si esas poéticas alabanzas se las hubiese
dedicado Shakespeare a cualquier vino francés!. Ahora tendría
erigida una bella estatua en el centro de la mejor plaza de la ciudad,
y no un feo monolito escondido en un retirado parque.
Esa insignificante
consideración tenemos los jerezanos al poeta y dramaturgo que
más y mejor publicidad ha hecho de nuestros caldos. En ocho
de sus obras podemos encontrar unas cuarenta y dos referencias al
sack , un término genérico de los vinos importados aplicado
casi exclusivamente al jerez como el de sherris sack, o simplemente
sherris , como se conocía en la edad media a la actual Jerez.
En ese mismo periodo, conocido como isabelino, había escritores,
como su amigo Ben Jonson que empezaron a imponer la forma que se ha
mantenido hasta hoy de sherry .
Nadie lo ha igualado,
incluido los representantes de nuestra literatura, con la obviedad
hecha, entrado ya el siglo XIX, de Benito Pérez Galdós.
Y, por increíble que parezca, esto es así; nada, o casi
nada, se ha investigado en este sentido, y lo poco que se ha hecho
ha sido, como siempre, recurriendo a los mismos lugares comunes y
perpetuando los errores que se han mantenido a lo largo de los años.
Para añadir
más confusión al asunto, el traductor al español
de las obras completas del bardo inglés, consideradas a partir
de los años treinta como referente, Luis Astrana Marín,
se dedica de forma arbitraria a traducir el concepto de sack , en
ocasiones, como jerez, y las más de las veces, como el vino
de canarias.
Tal vez, aunque
no hay certeza de este hecho, uno de los motivos que le hicieron viajar
a España en 1605 con la embajada de Lord Nottinghman sería
la posibilidad de catar nuestros vinos en el país de origen.
Es cierto que
Shakespeare no dejó en el olvido a otros vinos de España,
como el bastardo (“ bastard ”), un vino dulce
parecido al moscatel, ni al malvasia canario, mencionado, por ejemplo,
en la divertida comedia, “ Las alegres comadres de Windsor
”, escrita en 1599, donde comparte la mesa con el sack jerezano,
cuando el hostelero dice: “ I will to my honest knight
Falstaff, and drink canary with him ” (Voy por mi honrado
caballero Falstaff y a beber con él un trago de vino de Canarias).
Lo mismo ocurre
en “ Ricardo III ”, de 1593, en los que algunos quisieron
ver jerez cuando verdaderamente era en un barril de malvasía
donde es ahogado por orden del rey, el 17 de febrero de 1478, el
Duque de Clarence : “I´ll drown you in the malmsey-butt
within ” (Te ahogaré dentro de un barril de malvasía).
Todo ello hace
patente la necesidad de analizar con detenimiento la influencia que
el vino de jerez venía ejerciendo en la sociedad inglesa desde
el reinado de Enrique I (1100-1135), y plasmado en multitud de obras
literarias. Este predominio se iría afianzando a lo largo de
los siglos con los reyes de las distintas casas que reinaron en Inglaterra.
Su ascendente trayectoria llegaría imparable hasta finales
del siglo XIX. Curiosamente, en un folleto inglés de 1612,
se puede observar como nuestros vinos se codeaban con los mejores
de Europa en los mejores ambientes londinenses: “ Unos beben
vino seco de Orleans, otros de Gascuña y otros de Burdeos.
Allí no falta el canarias y el jerez ”.
Shakespeare solía
compartir sus juergas, regadas con vino de jerez en la famosa taberna
“ Boar´s Head ”, con otros famosos autores del momento
los cuales también ensalzaron al vino jerezano en sus obras,
como Christopher Marlowe (1564-1593) y Ben Jonson (1572-1637). Ese
mismo vino le inspiraría las más bellas expresiones
que nunca se ha hecho al jerez, como así ocurre en la trilogía
dedicada a los tres monarcas pertenecientes a la casa de Lancaster,
buenos aficionados al sack andaluz. Periodo comprendido entre los
años de 1399 y 1461.
Para ello se
valdrá de un simpático y pícaro personaje, que
tiene su trasunto real en la figura de sir John Oldcastle; una de
sus creaciones literarias mejor conseguida, una especie de Sancho
Panza a la inglesa, nos referimos a Falstaff.
Sir John Falstaff,
figura muy querida por la reina Isabel I, era conocido con el apodo
de “ Sir John sack-and-sugar ”, debido a la costumbre
poco ortodoxa de la época de echar azúcar al vino,
según se puede ver en “ Enrique IV ”, 1ª
Parte (1597): “... if sack and sugar be fault, God help
the wicked ” (Si el sack con azucar es un defecto, ¡que
Dios perdone al miserable!).
Pero también
era exigente con los taberneros que adulteraban el vino, tal como
se observa en la misma obra: “ You rogue, here´s
lime in this sack too ” (¡'Qué villano eres!,
también hay cal en el sack).
Y el mejor
regalo que alguien le pudiera hacer era una invitación de
jerez, como cuando en “ Las alegres comadres de Windsor ”
Bardolph le anuncia que un tal maese Brook le trae como presente
una buena dosis de sack: “ hath sent your worship a morning´s
draught of sack ”.
Tal era su
pasión por el jerez que incluso, cercana su muerte, pedía
llorando un sack. Así lo relata su amigo Nym en “ Enrique
V ”, de 1598: “ They say he cried out of the sack...”
(Dicen que pedía a voces un sack).
Un análisis
pormenorizado necesitaría su famoso soliloquio que sobre el
jerez hace en la escena III del acto IV de “ Enrique IV ”,
2ª parte, que por su extensión y profundidad de contenido
deberá ser estudiado en otro momento, pero que es considerada
por todos la más excelsa loa al vino del Marco de Jerez. Un
cuadro detallado de las mejores virtudes de este vino.
En las obras
en las que Shakespeare hace referencia al jerez podemos conocer los
variados usos que de él se hacía, quienes eran sus habituales
consumidores y dónde lo bebían, el valor que se le otorgaba,
etc.
En “ Enrique
VI ”, fechada entre 1590 y 1592, uno de los vecinos brinda
con otro por su éxito con una copa de sack: “ I
drink to you in a cup of sack ”.
También
solían tomarlo caliente, así en “ La noche de
Epifanía ”, escrita en 1600, sir Tolby Belch dice.
“ Come, come, I´ll go burn some sack ”
( Vamos, vamos, voy a calentar un poco de jerez”).
Y en la “
Tempestad ”, una de sus últimas obras, de 1613, Stephano
se salva de morir ahogado gracias a una bota de vino de jerez: “
I scaped upon a butt of sack ”.
Comentar que
en el juego de enredos que se produce en “ La doma de la bravía
” también interviene el jerez cuando el sirviente ofrece
a un falso señor su bebida: “ Will´t please
your lordship drink a cup of sack ?”.
Como hemos visto,
Shakespeare compartía los placeres que le daba el vino de jerez
con otros muchos escritores y autores del momento, a Marlowe y Jonson
hay que unir una lista importante, que a su vez necesitarían
ser estudiados en detalle; baste dejar constancia de sus nombres:
Thomas Fuller, Thomas Middleton, F. Beaumont, J. Fletcher, Robert
Baron y Nicholas Breton .
El vino de jerez
estaba de moda en la corte y en las tabernas del Londres de los siglos
XVI y XVII. Una época que coincidía con el auge del
imperio español y el esplendor que difundía la cultura
española del siglo de oro de sus letras, a lo que se unía
el control del comercio por mar y tierra.
Tal vez por eso
el poeta y dramaturgo inglés, Thomas Randolph (1605-1635),
discípulo de Ben Jonson, en su “ The Praise of Old
Sack” (“Plegaría al jerez añejo”),
llegaría a resumir el verdadero significado que un jerez
viejo tenía para estos intelectuales: “ We care
not for money, riches, nor wealth / Old sack is our money, old sack
is our wealth” ( No nos preocupa dinero y riqueza, ni
el lujo / Un jerez añejo es nuestro dinero, un jerez añejo
es nuestro lujo”).