El vino de Jerez
no se hará presente en la literatura española hasta
bien entrado el siglo XIX. Son anecdóticas las referencias
que sobre el jerez podemos encontrar en los escritores españoles
de siglos precedentes.
El XIX será el
momento de mayor esplendor y fama de los vinos de nuestra tierra.
Un prestigio que tendrá su refrendo en las historias de ficción
surgida de la pluma de los intelectuales nacionales.
Sus personajes imaginarios,
al igual que sus creadores, harán aprecio constante de los
valores excepcionales que posee el jerez, ya sea como condimento
y complemento en las comidas, como aperitivo, como reconstituyente
para la salud o como especial agasajo a los amigos e invitados.
En este periodo, y a
caballo entre el XIX y el XX, surgirá la gran figura de un
hombre, que venido de las Canarias, va a marcar profundamente nuestras
letras, rompiendo con la tradición romántica y adentrándose
por los derroteros del realismo y el naturalismo de sus contemporáneos
europeos: Benito Pérez Galdós (1843-1920).
En su primera novela
“ La Fontana de Oro ”, escrita en 1870, Galdós
dejará patente su afición al jerez. De seguro que
él mismo visitaría ese famoso café madrileño
o el Lorencini, al igual que los jóvenes de la historia:
“ La onza semestral del Doctrino perecía en Lorencini
o en la Fontana en dos días de café, chocolate y jerez
”.
Otro lugar,
visitado por Galdós en el Madrid de la época, sería
el restaurante de ambiente popular, La Fonda Española, donde
se reunían intelectuales, militares y políticos. En
ese ambiente, descrito en “ Montes de Oca ”, de 1900,
el jerez acompañaba las encendidas tertulias, y donde se
consumía: “ un jerez familiar y baratito para los
libertinos domingueros, y para los que iban de jolgorio, con mujerio
o sin él ”.
Pero no sólo
se podía encontrar el jerez en los lugares más tradicionales
sino en los de postín, como en el Genieys, tal como se puede
ver en otro Episodio nacional, “ La estafeta romántica
”: “ Corrieron el jerez y el champagne ”.
Sus maravillosas historias
de ficción serán como magníficos escaparates
de nuestros vinos. No en balde podemos encontrar estas referencias
en diez de sus Episodios nacionales, ocho novelas y dos obras de
teatro.
No hay constancia
documental sobre una posible visita de Galdós a la ciudad
de Jerez, aunque la descripción que hace en su relato, escrito
en 1877, “ Theros ”, parece confirmar que pudo pasear
por sus calles y visitar alguna bodega, posiblemente González
Byass, cuando escribe: “ el exquisito olor de las jerezanas
bodegas, que más cerca estaban a cada minuto ”,
para continuar. “ Estábamos en la más colosal
taberna que han visto los siglos. Llena de lo más fino, delicado
y corroborante que en materia de néctares existe ”;
para finalizar: “ Yo fui de los seducidos, y antes de
que el tren partiera me llené el cuerpo de rayos de sol
”.
Encontramos,
también, descripciones de la ciudad en “ Fortunata
y Jacinta ”: “ Pero al llegar a la estación
de Jerez ocurrió algo que hizo revivir inesperadamente lo
que ambos querían olvidar ”.
E igualmente
en “ Lo prohibido ”, de 1884. El personaje principal
de la obra mantiene relaciones familiares y de negocios con Jerez:
“ Murió mi buena madre cuando yo tenía veinticinco
años y entonces me vine a Jerez, donde estaba establecido
mi padre ”. Más adelante, cuando se plantea la
vuelta a Jerez, habla del ambiente social y económico: “¿
Y a donde demonios me iba? ¿A Jerez?. La situación
comercial y agraria de aquel país era muy alarmante. Bueno
estaría que me cogieran los de la Mano Negra y me degollaran
”.
Es curioso constatar
cómo Galdós introduce el jerez en sus creaciones literarias,
como un elemento con cualidades casi medicinales, lo vemos en “
El amigo Manso ” “ Doña Javiera le recetaba
vino de Jerez y agua de hojas de naranjo agrio ”. Recomendado
por los especialistas en “ La de Bringas ”: “
El médico me dice que tome un dedito de Jerez ”
, y en “ Fortunata y Jacinta ”: “ El doctor
había recomendado que se le diera doble dosis de nuez vómica,
seguir con las cucharadas por la noche, las papeletitas por el día,
y a sus horas el Jerez o Pajarete ”.
Incluso en “
Las tormentas del 48 ”, publicada en 1902, parece adelantarse
a la famosa frase de Fleming, cuando éste visitó una
bodega, de que el jerez resucita a los muertos. “... y
que hiciésemos la última prueba dándole de
beber Jerez superior, a ver si pega un bote la naturaleza, ya tan
decaída, y se levanta”.
La sabia tradición
popular, reflejada en la detallista pluma de Pérez Galdós,
confiere a nuestros caldos una acción de tónico y
reconstituyente, ya solo o como condimento a ciertos platos; es
lo que el viejo Don Lope la da a Tristana en la novela del mismo
nombre: “ ya no otra cosa, el caldo y la copita de Jerez”.
O bien las desfallecidas y asustadas mujeres de “ Luchana
”, pedirán con el caldo: “ dos copas de Jerez
con sus bizcochos correspondientes ”.
Como vemos,
la gastronomía y el jerez han mantenido desde siempre una
especial unión, corroborada en “ El Doctor Centeno
”: “ Felipe oyó hablar de Jerez, de empanadas
de anguilas, de capones cebados, de escabechadas truchas...
”, y afirmada entre los aperitivos que ofrece un anfitrión
a sus invitados en “ De Cartago a Sagunto ”: “¿Quieres
huevas de jumol? ¿Una copa de jerez? ¿Dátiles
de mar? ¿Unos pastelillos de estos de crema que están
tan ricos?”.
Nuestro candidato
al Premio Nobel de Literatura, Galdós, no fue ajeno a la
poderosa influencia de Inglaterra en los vinos de Jerez, tal como
se deja patente en “ Trafalgar ”, cuando Malespina cuenta
lo que solía tomar en el almuerzo el rey Jorge III y él.:“...
pescadillas y unas cañitas de jerez ”; en “
Cádiz ”, al poner en boca de lord Gray la famosa frase:
“ Si Dios no hubiese hecho Jerez, ¡cuán imperfecta
sería su obra ”. Para finalizar, Gabriel Araceli,
en “ La batalla de Arapiles ”, editada en 1875, describe
con que se brindaba a la salud de Inglaterra y España al
compartir, españoles e ingleses: “ botellas de
vino de Jerez ”.
Otro aspecto
a considerar en las especiales y jugosas relaciones mantenidas entre
Galdós y sus novelas con el vino de Jerez es la de ser primordial
elemento en las relaciones humanas y sociales. Galdós no
entiende una buena charla entre amigos sin la presencia de una copa
de jerez, demostrado en “ Aita Tettauen : “ El buen
jerez prodigado por Halconero avivó los fuegos patrióticos
de la tertulia ”. Y en “ Misericordia ”,
Doña Paca envía a Nina a que trajera, para su invitado,
Frasquito: “ dos botellas de jerez, pavo en gelatina,
huevo hilado y cabeza de jabalí”.
Cerraremos con
una frase, que además es una invitación que hago mía,
extraída de su obra, escrita en 1906, “ La vuelta al
mundo en la Numancia ”: “ Vamos, no sea remolón:
nos espera el amigo jerez, que es mi alegría y el descanso
de mis penas ”.
Por todo ello, y con
motivo de la solicitud, por parte del Cine-Club Popular de Jerez,
al Ayuntamiento de Jerez para reponer una calle de la ciudad a este
insigne escritor de las letras españolas que tanto aprecio
demostró a nuestros vinos, el Consejo Regulador debería
plantearse realizar un acto de homenaje para dejar constancia de
su agradecimiento; reconociendo como es debido la labor de promoción
y difusión que Galdós hizo del jerez, ampliando con
ello su fama universal. O bien, uniendo esfuerzos con el Ayuntamiento
de la ciudad, y dedicarle un homenaje en las próximas Fiestas
de Otoño, en el mes de septiembre, en el mes de la Vendimia.
OBRAS
DE GALDÓS CON REFERENCIA AL JEREZ:
Episodios nacionales :
“Trafalgar”
(1873)
“Cádiz”
(1874)
“La batalla de
Arapiles” (1875)
“Luchana”
(1899)
“La estafeta romántica”
(1899)
“Montes de Oca”
(1900)
“Las tormentas
del 48” (1902)
“Aita Tettauen”
(1904)
“La vuelta al mundo
en la Numancia” (1906)
“De Cartago a Sagunto”
(1911)
Novelas
:
“La Fontana de
Oro” (1870)
“El amigo Manso”
(1882)
“El Doctor Centeno”
(1883)
“La de Bringas”
(1884)
“Lo prohibido”
(1884)
“Fortunata y Jacinta”
(1886)
“Tristana”
(1892)
“Misericordia”
(1897)
Teatro
:
“La de San Quintín”
(1894)
“Doña Perfecta”
(1896)
Relato
:
“Theros”
(1877)