En las Islas Británicas
a los vinos originarios de la zona del marco de Jerez se les empezó
a conocer con distintos nombres, ya por la ciudad de origen, ya
por su tipo, las conocidas “sacas” para la exportación.
Este vino consumido en las mejores tabernas de Londres, como la
Board´s Head o la Mermaid, y en los palacios reales, se reconocían
con las apelaciones de sack , sacke , sherris-sack , sherris y sherry-sack
, hasta llegar al actual y definitivo de sherry .
Falstaff , conocido
personaje salido de la pluma de William Shakespeare (1564-1616),
era un empedernido bebedor de ese néctar de mágicas
cualidades, tal como lo hacia su rey.
Hay que tener en cuenta
que en ocho de las obras del bardo de Avon he podido contabilizar
más de cuarenta referencias al jerez, aunque Luis Astrana
Marín, traductor al español de las mismas, se empeñe
en hacerlo malvasía canaria.
En aquellos tiempos,
cuando se había sobrepasado el tímido intercambio
que permitían los rudimentarios medios existentes en la Edad
Media, el desarrollo del transporte marítimo y las buenas
relaciones diplomáticas, como la boda de Catalina de Aragón
con Enrique VIII en 1509, favoreció el comercio y la demanda
de los caldos jerezanos, en dura competencia con productos similares
como el Canary-sack o el Málaga-sack, que los ingleses habían
buscado, después de perder sus territorios de Francia, en
su deseo de calentar sus frías y largas noches de invierno.
Una serie de circunstancias,
como la llegada del vino “saqueado” en los asaltos de
Cádiz en 1587 y 1596, hizo que el jerez se impusiera definitivamente
en el mercado inglés, junto al Madeira y el Oporto (port
para los anglosajones). El puerto de Bristol abarrotó sus
almacenes con las botas jerezanas, lo que hizo que este sherry fuera
conocido como Bristol Milk , tal como lo atestiguan Thomas Fuller
(1608-1661), en su obra “ Worthies of England ” (1662)
, Samuel Pepys (1633-1703), en sus famosos diarios, y Daniel Defoe
(1660-1731).
Esta gran aceptación,
que en cierto momento abarcaba a amplias capas de la sociedad, llegó
a ser un distintivo de categoría consumido por la realeza,
la aristocracia, los políticos y los intelectuales, que lo
saboreaban solo o en combinados de fama: el negus-sack , el sack-posset
, el sherry-cobbler o el mulled sherry .
Una evidencia
más que deja patente el arraigo del jerez en las costumbres
y hábitos británicos durante quinientos años,
son estos versos de una canción tradicional de amor de origen
desconocido, fechada a finales del siglo XVI: “ I gave
her cakes I gave her ale / I gave her Sack and Sherry ”.
Desde un punto
de vista más académico, Nicholas Breton (1545-1626),
en su “ Pasquil´s Palinodia ”(1620) , dice lo
siguiente: “ Give me Sacke, old Sacke, boy / To make the
muses merry. / The life of mirth and the joy of the earth / Is a
cup of good old Sherry ”. Pocos homenajes tan bello como
este al producto de nuestras vides. Tampoco se quedaba corto el
dramaturgo Ben Jonson (1572-1637), amigo Shakespeare con el que
compartía su gusto por un buen jerez, cuando escribía
en su obra “ New Inn ” (1631): “ Be merry
and drink sherry, that´s my poesie ”.
Como bien es sabido los
escritores son unos cronistas del mundo que les rodea, y las obras
que escriben un retrato de los ambientes, estamentos, y personajes
del momento que les ha tocado vivir.
Durante cinco siglos
los representantes más preclaros de la literatura británica
y sus creaciones de fama universal han sido los mejores medios para
publicitar el jerez.
Valga como
un ejemplo Thomas D´Urfey (1653-1723), que en 1719 escribía
una balada con llamativo título, “ Virtues of sack
”.
Muchos de ellos
no pudieron resistir la tentación de trasladarse al origen
de los vinos de los que tantas generaciones de antepasados habían
bebido con fruición. Por aquí pasaron Samuel Pepys
, que en sus diarios nos habla de la venta de su “ hogshead
of sherry ” ( barril de jerez ), a Sir Batten, Lord Byron
(1788-1824), que vino, en 1809, a visitar a sus parientes bodegueros,
y escribió a su madre: “ There, in Jerez, drink
the famous wine at its source ” ( Allí, en Jerez,
bebí el famoso vino en su misma fuente ), o el laureado Ted
Hughes (1930-1998), para recoger, él mismo, el premio de
una bota de jerez que la corona inglesa otorga, junto a una pensión
dineraria, al poeta que designa con esta distinción. Una
institución esta, Poet Laureate , creada por Jaime I en 1616.
Como recuerdo de su visita hay una bota dedicada y firmada en el
Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen, en Jerez.
Otros, como Charles Dickens
(1812-1870) y su amigo Wilkie Collins (1824-1889), desde el diván
de sus casas, paladeando una buena copa de jerez, se hacían
acreedores de nuestras simpatías al ser los escritores que
en más ocasiones hicieron mención al jerez y sus tipos,
en obras como “ David Copperfield ” (1849), en el caso
del primero, y “ Basil ” (1852), en el segundo.
No es aventurado, por
tanto, considerar que un análisis de la presencia del jerez
en las obras de los autores de ese país aportaría
una información complementaria a la suministrada por los
estudios de economía e historia.
Sin embargo, las instituciones
vinateras del marco no han valorado debidamente la importancia que
para el vino de Jerez tiene su mención en las grandes creaciones
de los mejores escritores en lengua inglesa, así como la
escasa atención que han prestado los investigadores a esta
circunstancia al considerar que carece, aparentemente, de interés
científico.
Desde los autores isabelinos
como Christopher Marlowe (1564-1593), Thomas Middleton (c.1580-1627),
pasando por otro importante periodo para los jereces como fue el
siglo XIX, con Thackeray (1811-1863), Trollope (1815-1882), Stevenson
(1850-1894), Peacock (1785-1866), y Wilde (1854-1900), hasta llegar
a nuestros días, con Joyce (1882-1941), Somerset Maugham
(1874-1965), Agatha Christie (1890- 1976), Galsworthy (1867-1933),
Waugh (1903-1966), Chesterton (1874-1936), Greene (1904-1991). Todos,
o casi todos, tenían en sus hogares algún “
decanter of sherry ”, y elogiado nuestros vinos a través
de sus novelas, teatro, cuentos o ensayos.
Para finalizar, quiero
destacar dos apuntes que sobresalen por su curiosidad y actualidad.
El primer caso se relaciona con la publicidad televisiva, y como
una agencia de la categoría Young&Rubican, hechó
mano de los personajes creados por P.G. Wodehouse (1881-1975), el
señorito Bertie Wooster y su descarado mayordomo Jeeves,
para lanzar una campaña promocional de la bodega Croft.
Con respecto al segundo,
sorprendernos al encontrar a nuestro jerez en las novelas de dos
autoras del momento. Una de ellas es la escocesa J.K. Rowling, que
en dos títulos de la serie de Harry Potter, “ La piedra
filosofal ” (1997), y “ El cáliz de fuego ”
(2000), coincide con la inglesa, Helen Fielding y su “ Diario
de Bridget Jones ” (1997), en continuar una costumbre ancestral.
Este artículo
puede considerarse un avance de lo que en estos momentos es mi trabajo
de investigación, que he titulado “ El vino de Jerez
en los textos de la literatura angloamericana. ”
El resultado de este
estudio lo daré a conocer en la ponencia que presentaré
en Madeira, en el contexto del III Simposio de la Asociación
Internacional de Historia y Civilización de la Vid y el Vino,
que tendrá lugar el próximo mes de octubre.